MACHU PIJCHU

MACHU PIJCHU, CIUDAD CRISTAL Y DEL ARCO IRIS
MACHU PIJCHU, VOZ DE LOS SIGLOS   

Aproximadamente en 86 años de historia (“El Despertar del Puma” fue publicado en 1997), no hemos agotado todavía tinta, papel y la esperanza de poder, algún día, concebir con mayor exactitud y criterio el significado de la Ciudad Sagrada de Machu Pijchu. Hay cientos de trabajos editados al respecto y, seguramente, otros tantos permanecen en el silencio. En este siglo hemos escrito la historia de Machu Picchu, con algunas interpretaciones muy certeras; así como otras incongruentes y de corte fantástico. Ya fue dicho: “Mil hombres, mil religiones”… mil maneras de pensar.

En el marco de las posibilidades, y con respeto a todos aquellos que han ido colocando su grano de arena para dilucidar los misterios de esta Sagrada Ciudad, nos unimos a esta bella y rica jornada para tocar algunos puntos aún no reseñados o escasamente estudiados.

LA GEOGRAFÍA SAGRADA    

Todas las antiguas culturas del mundo han considerado siempre el aspecto sagrado de la naturaleza; siendo su principal criterio, sobre todo, en la construcción de templos, altares y palacios. El estudio de culturas, tanto de Oriente como de Occidente, nos muestra la elección, para tal fin, de los puntos más altos de sus entornos geográficos. Las montañas fueron siempre sus guardianes tutelares, donde vivían los dioses protectores, quienes mantenían el contacto con los hombres por medio de sus sacerdotes y oráculos.

La cultura andina coincidió en algunos aspectos con las más antiguas sociedades del mundo; pero se diferenció grandemente, sobre todo, en sus alcances tecnológicos y perspectiva constructora, donde ni los picos más altos, ni los valles más profundos eran impedimento para su crecimiento.

La RUTA DE WIRAQOCHA, Camino Sagrado en proyección Sur-Norte, es  uno de los ejemplos de la alta tecnología en perspectiva arqueo-astronómica de esta elevada cultura andina.

A lo largo de los Andes tenemos ejemplos fascinantes de esta geografía sagrada y de lo que fue en ella creado: Markawasi; las Pampas de Nazca y sus diseños; las Puertas de Kalakhumo, al Norte del Titikaka; el Ajayu Marka y la Ciudad Encantada, al Sur Oeste del Titikaka; el desierto de Túcume con sus pirámides; las Lagunas de las Waringas, en Piura; el Apu Waskarán, en la cordillera Blanca; los volcanes y cañones de Arequipa; Ollantaytambo, en el Valle Sagrado de los Inkas; Machu Picchu, acompañado de sus valles y montañas. Así podríamos enumerar muchos más lugares, donde la genialidad de la naturaleza camina junto a la geografía sagrada.

El entorno geográfico de Machu Pijchu es uno de los más sorprendentes. El Río Sagrado de los Inkas, al continuar su curso para internarse en el manto verde de la selva, va describiendo formas que semejan al Amaru o Serpiente. Al llegar al área de Machu Pijchu, se adapta a la presencia de sus valles y define una figura muy particular: “La forma de la madre o principio femenino”, que es la expresión simbólica de la Pachamama, quien de una manera espontánea indicó el mejor lugar para el hábitat y residencia de los iniciados.

La ciudad de Machu Picchu se encuentra a unos 400 metros por encima del curso del Río Wilkanota, y enclavado en un centro rodeado por montañas. Al Este, inmediatamente después del Río Wilkanota, se aprecia que en el lado izquierdo de la montaña Putukusi se repite de una manera silenciosa el símbolo escalonado de 3 niveles, como una constante que en su estado natural se aprecia también en la montaña Pinkuylluna de Ollantaytambo.

Ya se realizaron trabajos con respecto a la relación entre los Apus más importantes de la región y la ciudad sagrada. Las alineaciones de los nevados con construcciones importantes, como templos, altares y espacios de manifestación astronómica son relevantes; y es tan sólo en estos últimos años en que el hombre, de este nuevo Pachakuti, ha comenzado a redescubrir.

En la época precolombina, la cosmovisión e ideología de vida de estos pueblos los llevó a integrarse plenamente con su entorno; las montañas hacían la vez de pirámides naturales, por lo tanto espacios de gran concentración magnética. Fue este magnetismo, o poder, el que fue sentido por los hombres del ande; reconocieron la fuerza energética que residía en sus dominios y los llamaron “Apus” o “Achachillas”. Los Apus son los lugares donde se reunían y aún se reúnen nuestros antepasados.

Machu Pijchu es un área que se ve envuelta continuamente con un manto de neblina y un techo de nubes; sobre todo, en el periodo de lluvias. Razones geográficas y climatológicas hicieron que el hombre de Machu Pijchu refiriera siempre la presencia de los Apus en sus templos y altares, marcada por esculturas de piedra que se semejaban a los Apus referidos. Definitivamente, esto no sería sólo una expresión de arte, sino una concepción diferente con respecto a los entes de poder de su entorno geográfico.

Cortesía: SHAMAN RESTAURANT
Del libro: “El Despertar del Puma” (Mallku Aribalo)

   Foto: Mallku

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