CUSCO

CUSCO, CIUDAD PUMA.

Diseñar toda una ciudad donde la distribución de espacios se identifique con los órganos de un animal y, además, la forma global sea la de un animal en movimiento, demanda la práctica de múltiples ciencias en sus más elevados conceptos.

La construcción de la ciudad del Cusco, representó la síntesis de una gran época: el periodo de oro de la cultura Inka.

Su belleza urbanística era una de las expresiones de arte integrada a la naturaleza; su construcción se integró al altozano del Norte de la ciudad, o colina-casa de Sacsaywaman, que definió la parte superior del animal tótem, es decir la cabeza. Por los lados, esta ciudad era magnífica y admirable; al verla, el español quedó fascinado y, a la vez, temeroso por encontrar a un pueblo “salvaje” que podía, incluso, competir con muchas ventajas con cualquier capital europea de su época. Las palabras silenciosas de los Inkas, a cada paso de sus muros, indicaban que realmente no eran salvajes sino, al contrario, una  sociedad  que el hombre de aquel entonces y el actual no lo entenderían.

El arquitecto de la ciudad sagrada del Cusco no era sólo arquitecto; Pachakuti, o noveno rey de la dinastía Inka, tampoco era sólo el gran estratega o conductor militar de su imperio… ¡era más y mucho más!

Pachakuti, el gran iniciado, transformador del imperio de los Hijos del Sol, llegó antes de finalizar el Octavo Pachakuti, y su venida determinaba el advenimiento del Noveno Pachakuti. Pero al terminar el octavo ciclo, se produjo la llegada del invasor a tierras del nuevo mundo. La presencia de este gran iniciado, suponía cerrar un ciclo para engendrar otro. Nuevo ciclo cósmico que sería marcado por la expansión del Imperio Inka, y el auge de sus construcciones, como pasó con la ciudad del Cusco en el gobierno de Pachakuti. El genio visionario de Pachakuti, cambió la simple urbe de su padre Wiraqocha, en la ciudad madre del Imperio, en el corazón de los Andes; y, sobre todo, en la ciudad PUMA. El PUMA se irguió como principal arquetipo de la cultura Inka, además de símbolo de poder y expansión; postura que tomó el Imperio de los hijos del Sol para enriquecer sus territorios y llegar a formar el Tawaintinsuyu.

La ciudad Puma se irguió riquísima, y hacía honor a su estirpe solar cuando el Padre Sol la tocaba cada mañana al levantarse el nuevo día. Este gran sabio Pachakuti, como hijo del Sol y de las estrellas, conocía sus movimientos y manifestaciones; y al diseñar la ciudad Puma, la orientó buscando el camino del astro rey y de las estrellas de Wiraqocha.

Cortesía: SHAMAN RESTAURANT
http://www.shamanvegan.com
Del libro: “El Despertar del Puma” (Mallku Aribalo)

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